Es la disposición para admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar distinta de la propia, especialmente en cuestiones políticas o en prácticas religiosas.
La realidad es que somos iguales como seres humanos pero diferentes como individuos. Esa realidad vuelve intolerantes a todos aquellos que no respetan la especial forma de ser de los demás.
La tolerancia no es solo aceptar al otro tal como es sino ante todo, aprovechar su riqueza interior para conocerlo, comprenderlo, valorarlo, respetarlo y aprender de la visión que posee sobre la vida misma.
Ser tolerante es ser paciente. Escuchar con serenidad y mantener un elevado nivel de comunicación asertiva.
El conformismo o la indiferencia ante el mal uso de las normas y valores no es tolerancia, pues este valor cuando ha sido bien entendido, debe incluir la ayuda mutua para buscar y encontrar todo aquello que beneficie a las personas.
La tolerancia no está reñida con el ejercicio de la autoridad. La ley hay que cumplirla y hacerla cumplir. ¡Así debe ser!.
- Reflexione sobre algunas ideas de la tolerancia.
- Acepte a los demás como son.
- Respete las ideas ajenas.
- Trate con la misma dignidad a todas las personas.
- Esté dispuesto a perdonar.
- Que el diálogo prime sobre la fuerza.
- Reflexione algunos aspectos relacionados con la tolerancia.
Preguntas que valen la pena hacerse sobre ser tolerante:
- ¿Me molesto cuando alguien contradice mis ideas?
- ¿Prefiero el diálogo al conflicto?
- ¿Pienso que todas las personas merecen igualdad de oportunidades?
- ¿Promuevo la paz a mi alrededor?
- ¿Respeto a las personas que piensan distinto a mi?
- ¿Defiendo la legítima libertad de los demás?
- ¿Escucho con paciencia a quien no piensa como yo?
- ¿Soy conciente de que la justicia exige reparación?